La evaluación institucional ¿meta o proceso?

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La evaluación institucional ¿meta o proceso?

Para la tradición examinadora de los años 40, toda instancia evaluadora se halla vinculada a la valoración de los aprendizajes de los alumnos. En efecto, en el nacimiento de la evaluación, el interés radicaba específicamente en la "eficacia" de lo enseñado lo cual exigía inexorablemente información cuantitativa. Se corresponde este momento con la concepción de Tyler según el cual el currículum debe organizarse de acuerdo a los objetivos pedagógicos. Esta tecnificación, característica del modelo por objetivos tiene el mérito de generar el nacimiento del planeamiento de la evaluación educativa como un proceso ya que para Tyler , la evaluación es esencialmente el proceso de determinar en qué medida se han alcanzado los objetivos educativos.

Pueden pues, identificarse diferentes enfoques respecto al modo de concebir la evaluación:

Perspectiva Positivista: Evaluar significa establecer los medios para verificar si los objetivos definidos previamente han sido alcanzados.

Perspectiva Holística: (Cronbach, 1963) Su concepción supone:

  1. Focalización en las decisiones que se estiman serán tomadas tras la evaluación.

  2. Se realiza a través de todo el proceso y no en el final.

  3. Mayor énfasis en los componentes estructurales que en establecer comparaciones.

La evaluación como un proceso: (a partir de los años ’70)

Se valoran particularmente las metodologías cualtitativas: observación, entrevista, registro, cuestionarios, análisis. Este tipo de metodología, es más sensible a los cambios y adaptable a la complejidad del sistema educativo que es complejo y cambiante.

La proliferación de modelos cualitativos intenta reinterpretar los hechos sociales contraponiéndose con la perspectiva científico-cuantitativa que pretende medir "objetivamente" los fenómenos humanos.

La evaluación se convierte en una exigencia interna del perfeccionamiento de todo el proceso de enseñanza aprendizaje y por lo tanto, de la tarea docente y del alumnado. De esta forma: la evaluación toma un sentido totalizador, lo que supone que habrá de contemplar el funcionamiento global de un proyecto y las circunstancias en las que éste se desarrolla y concreta. Esto requiere el relevamiento y el análisis sistemático de variadas fuentes de información a fin de tomar mejores decisiones.

La evaluación entonces, deja de ser una finalidad para convertirse en un medio de perfeccionamiento y mejora constante de la tarea educativa. Una suerte de retroalimentación que permite optimizar el proceso mientras interviene en todas las fases de un proyecto pedagógico.

G.C.

Bibligrafía

Imbemón, F (1993), "Reflexiones sobre la evaluación en el proceso de enseñanza aprendizaje. De la medida a la evaluación."

 
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