¿Qué tipo de docente soy?

Descripción de diferentes perfiles en la actividad docente.

¿Qué tipo de docente soy?

Cuando reflexionamos sobre nuestra labor en el aula es posible identificar diferentes estilos a la hora de llevar adelante la práctica de la enseñaza. A menudo nos inspira la eficiencia, otras veces la contención. Proponemos a través de este artículo un recorrido sobre algunos de los caminos posibles con el objeto de abordar una reflexión sobre la modalidad con la que abordamos nuestra tarea cotidiana.

El enfoque del ejecutivo

En el enfoque ejecutivo el docente es el gerente de los tiempos de la clase, una persona que toma decisiones, principalmente en el modo en que distribuirá el tiempo de los estudiantes dentro del aula. Pero el tiempo empleado en el trabajo académico no es el único aspecto en el que insiste esta mirada. Otros tres elementos ejercer influencia primordial:

  1. Las indicaciones: el docente los utiliza para alertar a sus alumnos sobre lo que hay que aprender y el modo de alcanzar ese aprendizaje

  2. La retroalimentación evaluativa: los docentes corrigen rápidamente los errores tanto de las tareas escritas como de las orales.

3.El reesfuerzo: desde una sonrisa, hasta observaciones positivas o recompensas aún más tangibles.

Otro aspecto del enfoque ejecutivo se conoce como oportunidad de aprender, esto es, dar a los estudiantes la posibilidad de aprender. Sucede que a veces, que los docentes entusiasmados con la complejidad y la profundidad de ciertos temas, se alejan del alcance de muchos de sus alumnos, limitando las oportunidades de aprendizaje.

Todos estos rasgos del enfoque del ejecutivo tienen una faceta interesante en tanto le confieren un importante valor al aprendizaje. Aunque podría objetarse que el educador se parece al gerente de una línea de producción ubicándose por fuera del proceso, regulando contenidos y actividades, pasando por alto factores como la motivación individual o las características particulares de cada alumno.

También parece haber una estrecha relación entre los formatos escolares más habituales (cursos numerosos, exámenes regulares, informes de calificaciones, sistemas de acreditación y nivelación, etc.) y éste enfoque. De manera tal que la eficiencia del ejecutivo no parece deberse a una necesidad de la práctica de la enseñanza en sí misma sino más bien una demanda del dispositivo de enseñanza colectiva. En efecto, un enfoque de este tipo, no parecería necesario en un sistema tutorial.

Sintetizando el enfoque del ejecutivo

El docente (D) es el conductor de la clase que a través de habilidades que incluyen técnicas como el manejo del tiempo, la adecuación de los contenidos enseñados a lo que se mide posteriormente en los exámenes así como también el ofrecimiento de suficientes oportunidades para aprender (f) a cada uno de los estudiantes, (E) tiene como propósito (y) el que cada alumno pueda adquirir y retener conocimiento específico (datos, conceptos, habilidades e ideas) tal como se imparte a lo largo de la clase (x).

Este enfoque podría ubicarse en el marco filosófico del positivismo y en la línea psicológica del conductismo en tanto mide los resultados del proceso de aprendizaje en términos de resultados/productos.

El rol docente y el currículum oculto que promueve el estilo ejecutivo

El acento se pone entre lo que el docente hace y el estudiante aprende. El proceso es la actividad del docente, mientras que el producto es el dominio que alcanza el estudiante respecto a lo que se le ha enseñado. Desde este enfoque, ser una persona educada es aquella que demuestra objetivamente que ha adquirido una serie de saberes específicos.

Este enfoque pone el acento en la eficiencia que se mide a través de los resultados obtenidos por parte de los estudiantes. Creo que son valores importantes dentro de este enfoque, el orden, la justicia, la perseverancia.

El enfoque del terapeuta

Existen dos alternativas respecto a las características particulares del estudiante, la primera, es pasarlas por alto y la segunda, reconocerlas buscando reducir aquellas que con mayor probabilidad obstaculizarían el aprendizaje. Pero habría además, una tercera posición, en la que estas características se transforman en elementos esenciales del proceso mismo de enseñanza aprendizaje. El énfasis está puesto pues en lo que el alumno piensa o hace. En definitiva, lo que el estudiante es no puede separarse de lo que aprende y de cómo lo aprende.

Para éste enfoque, al autenticidad del estudiante no se cultiva adquiriendo un conocimiento remoto que no se relaciona con la búsqueda de su significación y la identidad personal.

Sintetizando el enfoque del terapeuta

El docente (D) es un guía y asistente, en el cual la actividad de la enseñaza (f) está principalmente centrada en preparar al estudiante (E) para que éste seleccione y pueda alcanzar el contenido (x). El propósito (y) es pues, capacitar al estudiante para que se convierta en un ser humano auténtico, una persona capaz de asumir la responsabilidad por lo que es y por lo que tiende a ser: una persona capaz de tomar decisiones que definan su carácter como desea que sea definido.

El marco teórico es el de la psicología humanista, en tanto adquieren relevancia los enunciados sobre el sentido y libertad, sentimientos y emociones, intuición, cuidado y experiencia subjetiva y espiritual. La filosofía en la que se enmarca la psicología humanista es el existencialismo, puesto que la existencia es anterior a la esencia, porque simplemente, antes de ser algo en particular, simplmente, somos. Luego, llegamos a ser algo cuando enfrentamos el mundo y nos abrimos paso frente a él. Si eludimos estas elecciones y sus consecuencias, en realidad lo que estamos eludiendo nuestra propia esencia: la libertad.

El rol docente y el currículum oculto que promueve el estilo terapeuta

Una persona educada es un ser humano auténtico, genuino, lo cual implica tomar seriamente la libertad y comprender que tomar decisiones sobre quién es, supone la responsabilidad de aceptar las consecuencias. Cada persona es singular y mientras cada persona elija su propio camino hacia un futuro proyectado por ella misma, conservará su singularidad y será auténtica.

Este enfoque de corte humanista, prioriza la libertad, la elección individual en virtud de de la búsqueda de la autenticidad. Son valores importantes la sensibilidad, la equidad, la comprensión.

El enfoque del liberador

Este enfoque pone un gran énfasis en el contenido, prestando menor atención a las habilidades docentes específicas (enfoque del ejecutivo) o a los estados psíquicos y emocionales de los alumnos (enfoque del terapeuta). El propósito, en este caso, es el de liberar la mente del estudiante de los límites de la experiencia cotidiana, de la trivialidad, de la convención, de los estereotipos... (¿del “lugar común?”, ¿de lo “políticamente correcto”?) En el enfoque de liberador, el contenido determina en gran parte el modo en que la clase se dará. Para que los alumnos puedan, por ejemplo, desarrollar actitudes críticas, los estudiantes aprenderán a adquirir ese hábito en virtud del ejemplo que da el profesor con sus propias actitudes. Así, la “manera” (modalidad, estilo) adquiere relevancia en este enfoque.

La “manera” es una disposición relativamente estable que guía la actuación en determinadas circunstancias y es esencial en el enfoque liberador porque será lo que determinará en gran medida que no se “paralice” la mente de los estudiantes con datos o habilidades vacuas sino que por el contrario, se libere. Así entonces, no basta con que el alumno adquiera el conocimientos específicos, porque forma y contenido son inseparables.

Por otra parte, la “manera” de enseñar no depende de la materia, resulta, por el contrario, aplicable a todos los campos. Involucra virtudes morales (honestidad, integridad, disposición imparcial, trato justo) e intelectuales (racionalidad, amplitud de espíritu, valoración de las pruebas, curiosidad, capacidad reflexiva y escepticismo prudente). El alumno deberá adquirir todos estos valores del mismo modo en que adquiere el conocimiento y la aptitud en cada disciplina. De esta forma, la “manera” es parte del contenido porque mientras éste se comunica, también se enseña el modo en qué este habrá de enfocarse y tratarse. En síntesis, el “hacer” del docente, es una parte vital para el enfoque del liberador . El modelo ejemplar actúa de forma implícita a través de los rasgos de carácter del docnte.

Sintetizando el enfoque del liberador

El docente (D) en el rol modelo ejemplar, imprime a la actividad de la enseñanza una “manera” (estilo) (f) que es inseparable del contenido en virtud de su complejidad y profundidad (x). El propósito (y), además de la adquisición de un saber específico, es la búsqueda de la liberación a la mente del estudiante (E) del pensamiento estereotipado.

El enfoque de liberador, podría enmarcarse en la psicología cognitiva aunque sería quizá más adecuado definir este enfoque dentro de la dimensión filosófica que dentro de la psicología.

Existe una variante neomarxista del enfoque del liberador que podría llamarse pedagogía crítica o enseñanza emancipadora, cuyo propósito es el de crear conciencia de dominación en los oprimidos de modo que estos puedan liberarse. El pedagogo brasileño Paulo Freire, es un claro exponente de esta perspectiva pedagógica.

El rol docente y el currículum oculto que promueve el estilo liberador

Este enfoque tiene sus raíces en la antigüedad clásica y puede definirse con el concepto griego de “Paideia”, en el cual, una persona educada es aquella que fue formada integralmente en conocimiento y virtud de modo tal que podrá desempeñarse con éxito y autonomía en la vida.

El estilo de liberador supone “virtudes morales e intelectuales” que hacen al estilo ejemplar del docente y que se relacionan en línea directa con el contenido formando parte de este. Son valores importantes la racionalidad, la curiosidad, el escepticismo prudente, la honestidad intelectual, la integridad.

¿Son incompatibles los enfoques?

Tal vez sea posible considerar que estos enfoques son filosóficamente incompatibles, pero también podríamos considerar que se trata de una categorización purista puesto que en la práctica, las fronteras entre los diferentes enfoques no estaría tan delimitadas.

El enfoque del ejecutivo, aún dejando de lado aspectos individuales que tanto ocupan a los terapeutas o los elevados ideales que inspiran a los liberadores, sería el más justo y adecuado en sistemas escolares masivos en donde los determinantes “duros” del sistema escolar tienden a imponer condiciones homogéneas que exigen destrezas administrativas por parte de docentes ejecutivos.

Del mismo modo, cabe preguntarse si es posible presentar un enfoque liberador solo para los más capacitados dejando al resto de los alumnos en el Standard de un enfoque ejecutivo o en el tratamiento especial del terapéutico. El autor advierte sobre los riesgos de ampliar las diferencias: “corre el riesgo de condenar a los estudiantes a categorías para la instrucción preestablecidas” (FENSTERMACHER G. Y SOLTIS J.,1999)

No obstante, creo que en la práctica es posible compatibilizar los tres enfoques. En efecto, cada uno de estos modelos supone una serie de valores que pueden aplicarse a momentos diferentes o bien en una misma situación aunque desde distintas dimensiones. Así, la eficiencia, la organización, la capacidad de sistematización y la claridad conceptual del ejecutivo podría estar presente simultáneamente junto a la sensibilidad y la empatía del terapeuta cuando el contenido o la circunstancia lo demanda. Y finalmente la actitud ejemplar del liberador y sus elevados ideales no tienen por qué ser excluyentes. Un profesor que enfatiza la profundidad y la complejidad del contenido, puede a la vez promover una formación integral sin dejar por ello de gestionar la clase con eficiencia, ni descuidar tampoco la dimensión formativa de su tarea y las necesidades individuales de los alumnos.

Síntesis conceptual

Bibliografía

FENSTERMACHER G. Y SOLTIS J. (1999), “Cap. 1: Enfoques de enseñanza”, “Cap 2: El enfoque del ejecutivo” y “Cap.3: El enfoque del terapeuta”, “Cap. 4: El enfoque liberador”, en Enfoques de enseñanza, Amorrortu, Bs. As., pp. 15 a 29, pp. 31 a 53 pp. 55 a 77, pag. 79 a 105

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