Elizabeth 26-4-2007 22:35:
Desde la ortografÃa
En el tiempo donde reinaba la injusticia, nadie sabÃa a ciencia cierta dónde y cuándo se podÃa hablar o pensar. Cuál era el lugar para encontrarse con los amigos, qué era lo que se podÃa escribir o cómo se debÃa llevar de largo el cabello para no ser castigado.
Todo estaba patas para arriba. Otros pensaban que estaba patas para abajo y otros creÃan que todo estaba sin patas.
Tanta inseguridad despertaba temor. El temor despertaba al miedo. El miedo despertaba al temblor. Y el temblor a otros tantos movimientos que llevaban a la desesperación.
Y seguÃa todo dando vueltas y vueltas en cÃrculos interminables encerrando a estas palabras y a otras parecidas y a sus sinónimos como: sustos, angustia, recelo, espanto, pánico, pavor, desconfianza.
El desconcierto era general. Por esto ocurrió el gran lÃo. Este lÃo fue la causa de la confusión.
Ya que por inseguridad se trastocaron los acentos. Asà se escribÃa lió, sóño.
Por temor, las agudas desaparecieron porque sugerÃan angulosidades e ideas filosas. Por miedo, las graves se internaron en clÃnicas de alta seguridad. Por temblores, las esdrújulas, buscaron sintonizar con palabras semejantes como brújula y se establecieron en el norte para sentirse protegidas debajo de la aguja imantada.
Por angustia las sobreesdrújulas cambiaron el prefijo sobre por el "debajo". El trabajo más disciplinado lo realizaron los monosÃlabos, pues establecieron multisectoriales zonales y democráticamente votaron sobre el ser de su existencia. Todos apostaron a funcionar de una sola manera: sin acentos. Para evitar asà el acertijo de usar tu o tú, el o él.
En el tiempo de la injusticia, los plurales, por susto, recelo y pánico, pavor y desconfianza, se permitieron licencias. Asà yo se transformaba en "yos", ombú en "ombús". También las mayúsculas se atrevieron a ubicarse donde tenÃan la real gana , al comienzo, en el medio o al final de las palabras. Y se escribÃan: "aHora es tiempO de pensaR en el idioMA".
Siguieron los tiempos de la injusticia. Pero justo y necesario es que coloquemos los acentos donde corresponda, las mayúsculas en su lugar, los plurales como dicen las reglas. Porque asà podremos empezar a hablar y a decir lo que se siente y a sentir lo que se dice, sin faltas ortográficas. Para que los que creen en los posibles , que son los más, inauguren el tiempo nuevo de la justicia, sin temores, ni miedos, ni pánicos, ni, ni, NI, Ni.
Elizabeth Carpi
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